CA2M Centro de Arte Dos de Mayo

Clara Montoya


CLARA MONTOYA
#UNMETROYMEDIO



La obra de Clara Montoya (Madrid, 1974) se construye sobre diversos y dispares intereses, de hecho, existe en todo su trabajo una fascinación latente sobre los cambios que produce la naturaleza a través de la física o la biología y que constituyen identidades en continua transformación. Su producción es el resultado de exhaustivas investigaciones donde el proceso es fundamental para entender el resultado. Del mismo modo que la mutabilidad en la escultura y esa capacidad de transformación en el tiempo, también el relato es algo fundamental en su obra. Piezas como la obra Fulgur conditum, ubicada en Sudáfrica: en un campo donde la caída de rayos es constante, la artista ha instalado esta escultura para recoger, literalmente, uno de ellos y crear así roca fulgurita. O aquella titulada Speak to me, que se activa a través de sensores cuando se perciben los latidos del corazón de los espectadores. Uno de sus trabajos más recientes es Metamorfosis IV (2020), una enorme instalación compuesta por cuatrocientos ladrillos sin cocer sobre los que un constante fluir de agua a modo de fuente va disolviendo y formado un gran charco de barro. Una poética metáfora de contraposiciones entre materiales secos y húmedos y donde lo doméstico se transforma en un paisaje de elementos erosionados y totémicos.

Clara Montoya es una especie de alquimista que ejemplifica con su producción la rotundidad de estas esculturas “vivas” y en constante diálogo con el espacio en el que se ubican y la simbología de los elementos.

Para #Unmetroymedio ha realizado Orablu, que «intenta expresar una sensación de momento de extrañeza y de cambio. La hora azul -explica la artista- es la hora de transición entre el día y la noche (o viceversa) donde la luz cambia y los pájaros cantan el cambio de turno. La sensación que tenía durante el encierro era y es esa, un espacio desconocido, un momento de salto al vacío donde las imágenes de la pantalla pierden su significado y se vuelven textura, color y un sonido incomprensible (por mi incultura de lenguaje pájaro) del canto del mirlo y el canto nocturno del autillo. Aunque nuestra vida humana se ralentice y la debamos reorganizar necesariamente con nuevos parámetros (a corto y a largo plazo), la vida de otros sigue. Ese pensamiento me reconforta».